Hungría ha dado un paso más en el desmontaje del sistema construido durante los 16 años de gobiernos de Viktor Orbán. El nuevo jefe del Estado tomará posesión el 19 de agosto, en un momento en el que el Gobierno de Péter Magyar prepara una profunda revisión del entramado constitucional heredado. El propio Baka ha advertido de que una mayoría parlamentaria de dos tercios “no puede hacer todo lo que quiera”. Es una frase especialmente relevante en una Hungría en la que el problema no ha sido únicamente quién gobierna, sino la capacidad de una mayoría política para modificar las reglas institucionales a su conveniencia. Pero si esa sustitución se convierte en una práctica permanente, el nuevo Gobierno corre el riesgo de reproducir la lógica que denuncia.