El Gobierno de coalición salido de las elecciones del pasado 17 de mayo en Andalucía no ha alcanzado todavía su velocidad de crucero y ya se empieza a ver que va a ser muy complicado tener engrasados los engranajes entre el PP y Vox para que la gestión funcione con normalidad y sin sobresaltos. Aunque desde la Presidencia de la Junta se intenta poner sordina a los desacuerdos, ya han saltado chispas en la cuestión del acogimiento de menores tras la crisis de Ceuta o en la gestión de los incendios forestales. Vox está utilizando su presencia en las autonomías como plataforma de propaganda y para intentar colocar al PP en contradicciones y en situaciones límites que le hagan perder identidad ante sus electores. Para ello va a utilizar a fondo cuestiones como la inmigración o la agenda climática en las que sabe que puede obtener rendimientos políticos claros. Pero también es conveniente subrayar que los dos partidos, tanto en Andalucía como en el resto de las comunidades, están condicionados por pactos muy similares en los que Vox logró introducir buena parte de sus postulados más polémicos.