Desde servicios en la nube y plataformas de vídeo hasta operaciones financieras, comunicaciones empresariales o herramientas de inteligencia artificial dependen de estas autopistas submarinas. La llegada de una nueva ruta no significa necesariamente que los hogares vayan a contratar velocidades más altas de forma automática. Sin embargo, sí puede traducirse en una red más resistente, con menos riesgos de interrupciones y mayor capacidad para soportar el crecimiento del consumo digital. Para el mundo, esta diversificación resulta especialmente relevante debido a su creciente dependencia de servicios digitales. Sectores como la computación en la nube, la educación online, la telemedicina, los videojuegos o las plataformas de entretenimiento necesitan conexiones constantes y con baja latencia.