Aparte de su vistosidad, los eclipses han sido herramientas prácticas para la navegación y la geografía. Si se fija un sitio preciso, las horas en las que sucederán los eclipses futuros se pueden predecir, con precisión y muchos años de adelanto. La idea es emplear esa amplificación para que empuje en la dirección en la que se quiere dirigir la nave. Sorprendentemente, las trayectorias que llegan y las que se van son una estructura suave, no los fractales que aparecen en teoría del caos, parecidos a una bandera pegada a un mástil. Después de reposar un tiempo en este toro de llegada, se puede dar el siguiente salto escogiendo el momento preciso, en el que el salto ayude.