Hay una escena que se repite en Venezuela desde el pasado 24 de junio: alguien mirando lo que quedó de su casa, tratando de decidir qué se puede rescatar y qué ya no. Esa imagen—tan simple, tan devastadora— es la que un grupo de cineastas venezolanos decidió nodejar pasar. Desde las primeras horastras el terremoto, con las manos y con lo que tenían a mano, empezaron a repartir ayuda. Eso convierte a Relatos por Venezuela en algo más que un gesto simbólico: es una vía concreta, verificable, para que la solidaridad se traduzca en algo tangible. Un grupo de cineastas venezolanos eligió acompañarlasde la única forma que sabía ofrecer algo profundo: contando su historia para que millones de ojos la vean, y para que nadie tenga que atravesar esto en soledad.