Cualquier huella de la estructura en la que Hitler se suicidó junto a Eva Braun permanece oculta bajo tierra. De momento, lo que han conseguido es devolver los restos nazis a la actualidad y reabrir un debate sobre la memoria y el peligro de la nostalgia. Solamente, después de 1945, las tropas estadounidenses ocupantes volaron la esvástica desde lo alto de la grada y la convirtieron en un campo deportivo. La postura contraria a la preservación cobró entonces cierto vuelo, pero en Berlín el debate quedó eclipsado por la reconstrucción del Palacio Imperial, hoy la sede del Foro Humboldt. Los intereses económicos y la responsabilidad histórica se entremezclan en esta tórrida jornada de la memoria en la capital alemana, en la que los turistas fagocitan visitas guiadas tan concurridas como superficiales, completamente ajenos a este debate.