Por eso tardé en descubrir el motivo de tanto trasiego, ayer por la tarde, en la playa populosa que me cobija estas jornadas. Y al fin caí... Buscaban la atalaya perfecta para disfrutar del eclipse que colmará las inquietudes de muchos compatriotas y no pocos forasteros. Tanta tabarra han propinado con el eclipse que me tienen atemorizado. Y si alguien saca una sandia mientras la oscuridad reina, sentiré que mereció la pena mi inocente voyeurismo. Una sandia tachonada de arena representaría el eclipse de la pérfida gastronomía fina.