En el verano de 1933, Marcel Duchamp viajaba por primera vez a Cadaqués para huir de las tensiones y tentaciones parisinas. Precisamente allí fue donde Duchamp, Gala y Dalí se detuvieron a finales de julio a celebrar un picnic. Lo cierto es que lo consiguió y la opinión sobre la obra del arquitecto de Reus empezó a cambiar en la intelectualidad parisina. Lo contrario que Duchamp, que se quedaba horas y horas de la tarde en el bar Meliton jugando al ajedrez. Los tres tomaron su propio rumbo, pero lo cierto es que en los años 50 los tres volverían a coincidir todos los veranos en Cadaqués.