En este caso, el separatismo hace un cóctel con dos de sus prejuicios favoritos: la hispanofobia y el anticatolicismo. A pesar de que el BNG exhibió abiertamente el apoyo de ese grupo terrorista, ningún medio de comunicación publicó nada al respecto. Así pues, el mismo separatismo que presume cada año de tener a un grupo terrorista en Santiago es el que ahora echa pestes contra pacíficos peregrinos. Obvia decir que a diferencia del separatismo, la amplia mayoría de los gallegos vemos con buenos ojos a los peregrinos y detestamos a los terroristas, sean del tipo que sean. Basta ya de confundirnos a todos con unos extremistas que se sienten más cómodos con unos terroristas que con jóvenes católicos y pacíficos.