Pero el clima impera sobre la forma en la que los humanos lo vamos denominando. Viví de verdad un fuego hace años; se comió miles de fanegas de pinos, encinas y madroños desde el sur del Algarve hasta el norte alentejano. El fuego se apagaría cuando quisiera. El enésimo fuego sin control lo lloraron los castigados anteayer domingo, y lo pagan aún hoy. A ese fuego lo vimos, como a salvo, el domingo quienes conducíamos de noche desde el sur total del Estrecho al centro del tórrido valle del Guadalquivir, tras un gozoso fin de semana.