En el trayecto de la Puerta del Sol a su casa en Claudio Coello, un mal viento se le agarró en los pulmones. Era la misma tarde en la que Antonio Machado y Núñez, el abuelo de los poetas que aún no han nacido, intenta medir la línea de sombra de un eclipse de sol. Cuánto pavor provocaría que a la hora de tercia, en la que el sol hiere con gran ardor, las sombras comenzaran a tenderse sobre las casas y campos. “Fue una tarde de sol que yo he creído o he soñado recordar alguna vez”, escribió. Y pensemos que al menos será un alivio de sol en medio del infierno del verano.