Y es que la mente tiene una tendencia natural a adelantarse a los acontecimientos. Creemos que, si pensamos una y otra vez en lo que puede ocurrir, estaremos más preparados cuando llegue el momento. Y quizá ahí reside una de las razones por las que seguimos leyéndolo casi cinco siglos después. Por eso su reflexión sobre torturarnos por el futuro encaja tan bien con problemas muy actuales como la preocupación anticipatoria y la ansiedad. Y es que, como recuerda Montaigne, nadie puede prever con exactitud lo que ocurrirá mañana.