El resultado es un escenario en el que la distancia entre las partes vuelve a crecer precisamente cuando más necesario resulta un acuerdo. La retórica de victoria coincide con una estrategia negociadora mucho más exigente que la que Teherán parecía dispuesto a aceptar hace unas semanas. El bloqueo convierte así el estrecho en una cuestión que afecta directamente a la economía regional y al mercado mundial de la energía. La situación se complica todavía más por la actividad de los hutíes en el entorno del mar Rojo y el golfo de Adén. Benjamín Netanyahu ha insistido en que Irán no dispondrá de armas nucleares con independencia de que exista o no un acuerdo.