Mientras los equipos de rescate continúan buscando supervivientes entre los edificios derrumbados, el país afronta una carrera contrarreloj marcada por el dolor, la incertidumbre y la necesidad de reconstruir. La emergencia llega en un momento especialmente delicado: el presidente Abelardo de la Espriella apenas llevaba tres días en el cargo cuando tuvo que asumir su primera gran crisis de Estado. La emergencia ha obligado al nuevo mandatario a abandonar los primeros planes de gestión para concentrar todos los esfuerzos en la atención humanitaria y la coordinación de los equipos de respuesta. Desde Bogotá, donde declaró oficialmente la emergencia nacional, De la Espriella hizo un llamamiento a la unidad y aseguró que la prioridad absoluta son las víctimas. La gestión del desastre también pone sobre la mesa una cuestión clave: la preparación institucional.