Sus argumentos se basan en que el control parlamentario debe desarrollarse principalmente en el Congreso, al ser la Cámara donde nace la confianza que permite gobernar. La disputa recuerda a otros enfrentamientos recientes entre el Gobierno y la Cámara alta. Mientras los ministros preparan sus explicaciones en el Congreso, el Senado mantiene activas unas comparecencias a las que sabe que probablemente no asistirán sus protagonistas. La imagen que deja este episodio es la de un verano parlamentario convertido en una extensión de la confrontación política. Y la crisis de Ceuta, además de un problema de gestión y seguridad, amenaza con convertirse en un nuevo capítulo de la batalla institucional que atraviesa la política española.