Pero para una parte creciente de la juventud española ese camino se ha convertido en una carrera de obstáculos. La presión es especialmente intensa en las grandes ciudades, donde el precio de la vivienda ha alcanzado niveles históricos. La ayuda familiar se ha convertido en una especie de red de seguridad imprescindible para poder afrontar el coste de la vida. El aumento del precio de la vivienda ha provocado que la estabilidad laboral y la capacidad real de emanciparse se hayan separado. Pero también se extiende al grupo de 30 a 34 años, una franja en la que tradicionalmente la emancipación ya debería estar consolidada.