Que no tome vacaciones hace que no se interrumpa la dispensa de la hogaza que más me gusta. Sus compañeros, en lo alto, desprenden la enredadera que durante los últimos años trepa impunemente por la torreta hacia los cables de la luz. Cuando el obrero aguanta mi mano en el hombro y le deseo salud para seguir él me corresponde con una amplia sonrisa. A los sufridos trabajadores que succionan con ella la añosa suciedad que acumulan las borrascas a su paso por los imbornales. Domesticarán la oferta y la demanda hasta que todos los ciudadanos puedan acceder a una vivienda.