En la confluencia con el Ticino, las embarcaciones reposan ahora en aguas poco profundas y fangosas, rodeadas de arena, algas y bancos de grava al descubierto. Los niveles excepcionalmente bajos están repercutiendo también en el suministro, y la agencia Ansa informa de envíos en camiones cisterna a más de 100 municipios de Piamonte y Lombardía. En Turín, el Po se ha convertido en un canal de aguas lentas cubierto de algas. Las autoridades alertan de que el calor y el bajo nivel del agua están acelerando la proliferación de algas y especies invasoras, lo que dificulta la navegación y las actividades recreativas. El calor prolongado ha agravado además la sequía y los incendios forestales en toda Europa, añadiendo presión sobre los recursos hídricos.