Por eso resulta engañoso contar la Conquista simplemente como una guerra entre españoles e indígenas. En buena medida fue también una guerra entre indígenas, en la que los españoles aportaron dirección militar, caballos, armas y una capacidad política notable para explotar rivalidades preexistentes. La conquista no es algo para celebrarse. Ni las de Napoleón Bonaparte, ni las de Alejandro Magno, ni las de los Hernán Cortés, ni las de Moctezuma. No venció España sobre «los indios», porque miles de indígenas participaron del lado vencedor; tampoco desapareció el mundo indígena con la caída de Tenochtitlan.