Este año el poeta beatnik estadounidense Allen Ginsberg hubiera cumplido un siglo. Se habían conocido en el café Cordano, frente a Desamparados, en los bajos del Hotel Comercio, donde los presentó Jorge Capriata. En su crónica de 'Hueso húmero' N.° 32 Capriata describe un encuentro complicado, pero el mutuo recuerdo poético de ambos es entusiasta; más el de Ginsberg que el de Adán, que se limita a hacer alusiones que son reconocimientos. Nadie fue tan descarado como Ginsberg y sus amigos, y para el caso, casi nadie ha sido tan peligrosamente sincero como Adán. Ese es el misterio de lo barroco en el Perú.