Ese recorrido sitúa al segmento que atraviesa el Mar de Mármara como la zona que llama la atención de los científicos. El mar de Mármara es un estrecho mar que conecta el mar Negro con el mar Egeo y separa la parte europea y asiática de Turquía. Este parámetro resulta clave porque revela diferencias en el tipo de roca, su grado de deformación y la presencia de fluidos. Según Ogawa, estas anomalías señalan regiones donde la tensión se acumula, una pista directa sobre los procesos que gobiernan la mecánica de la falla. El análisis sugiere que los grandes terremotos podrían comenzar en los límites entre sectores débiles y segmentos firmes, o en los bordes de alta resistencia.