Las agencias del sector dicen haber recibido «infinitas llamadas» de inmigrantes en los últimos días, incluso el teléfono ha sonado de madrugada. Los inmigrantes buscan, por este orden, comida y cobijo en los menos de veinte kilómetros cuadrados que ocupa la ciudad autónoma. Los que aún permanecen duermen a la intemperie en la playa o en el monte, pero algunos, cientos, también hacen lo imposible por refugiarse en un alojamiento al uso. Además, añade, si hablamos de alojamientos con dos habitaciones o más, la renta pasa de los 1000 euros al mes. La situación de asfixia que sufre la ciudad, en la que el precio del metro cuadrado de la vivienda en venta supera los 2,700 euros, está relacionada con la llegada de funcionarios de la península destinados en la ciudad autónoma.