Cuando pienso en mi infancia y en mi adolescencia, inevitablemente vuelvo a los cines de Vigo. Los grandes estrenos nos esperaban en el Fraga, el Tamberlick, el Odeón, el Cinema Radio, el Cine Vigo, el Ronsel y tantas otras salas que daban personalidad a Vigo. Confieso que El exorcista me dejó tantas noches en vela que todavía hoy, cuando alguien la menciona, vuelve a mi memoria aquella primera vez que la vi en una gran pantalla. El cine formaba parte de la vida de Vigo tanto como sus plazas, sus cafeterías o sus calles comerciales. Porque, al final, el cine fue también el escenario donde muchos vigueses escribimos una parte de nuestra vida.