El motivo está en un elemento al que normalmente se presta mucha menos atención que a los grados que aparecen en el termostato: la humedad. En él intervienen diferentes variables ambientales, entre ellas la humedad y la velocidad del aire, además de factores personales como la actividad física o la ropa. La humedad influye en la capacidad del cuerpo para disipar calor mediante la evaporación del sudor. La humedad, el movimiento del aire, la actividad física previa e incluso la ropa influyen en la sensación térmica. Por eso, acertar con la climatización de un vestuario no consiste simplemente en elegir una cifra en el termostato.