En la segunda parte de “Cien años de soledad”, sin embargo, esa imagen contiene también la caída que vendrá después: por la misma vía llegará la compañía bananera y una forma de progreso capaz de transformar la vida hasta volverla irreconocible. La segunda parte amplía la escala política y visual de Macondo mediante escenas corales y una puesta en escena más ambiciosa. Ahora el tren, la huelga, la masacre y los años de lluvia articulan una cadena más clara entre las decisiones de los personajes y las fuerzas económicas que transforman la comunidad. Durante la entrevista dijo que los realizadores buscaron liberar a Macondo de una lectura fantástica y “casi infantil” para acercarse a la ironía, la contradicción y el humor. García Márquez insistía en que sus invenciones tenían una base en la realidad y que la experiencia caribeña podía parecerse a la imaginación más desatada.