La historia reconoce a Higuchi Ichiyō (conocida también como Ichiyō Higuchi, en una acepción más occidentalizada) como la primera escritora profesional de Japón; sin embargo, más que para vivir, la escritura apenas le sirvió para sobrevivir. En 1867, la pareja se trasladó a la capital, todavía llamada Edo, con la intención de que el padre de Higuchi, Noriyoshi, entrara al servicio del shogun como samurái. Para ello, el aspirante debía comprar el puesto de dōshin (funcionario de bajo rango), un gasto en el que el matrimonio invirtió todos sus ahorros. De este modo, Higuchi empezó a trabajar como sirvienta en la misma academia en la que estudiaba para obtener ingresos. En este tiempo, la autora abandonó el relato y apostó por la novela, con la intención de publicar sus textos por entregas en los periódicos.