Es la puerta de la casa a la que nadie llama. Cuando las dificultades para desplazarse se convierten en pedir favores y los días se transforman en una larga espera. No podemos resignarnos a pensar que la despoblación y la soledad son inevitables. La soledad es ya una preocupación en las políticas internacionales por su impacto en la salud, en el bienestar y en la cohesión social. Que ningún pueblo se quede sin vida, que nadie se quede sin compañía y que nunca falten manos dispuestas a ofrecer el abrazo que todos necesitamos en algún momento de la vida.