Desde el mirador de Tarifa, el Yebel Musa se alcanza con las yemas de los dedos en los días de poniente. A ese monte que se divisa desde la costa española allende el mar, los oriundos le llaman 'la mujer muerta'. Porque la piedra duerme sobre la frontera bosquejando el rostro de una joven con las manos cruzadas sobre el pecho. Ceuta es un rompecabezas natural y sus vecinos están acostumbrados a una convivencia que la progresía mesetaria no podrá alcanzar nunca. En apenas 18 kilómetros cuadrados cohabitan con total armonía cuatro culturas: la cristiana, la islámica, la judía y la hindú.