Algunas malas hierbas también han crecido en el tupido manto vegetal de la mediana, pero es inevitable, a lo que parece. Y el conjunto está ahora mucho mejor que antes, ofreciendo una agradable sensación de que la ciudad cuida de sus parterres y los hace agradables a la vista, para que el conductor detenido en el semáforo pueda distraer la mirada en ese arrecife de verde floreado en que se ha convertido la mediana. Donde resulta más evidente la degradación de la zona es en la entrada al puente de la Barqueta, bajo el gran laurel de Indias que ofrece una sombra reconfortante en mitad de la resolana. Ahora falta que sean efectivas y qué mejor sitio para demostrarlo que la cochambrosa acera de Torneo. Tal vez porque la odisea trasplantada a Sevilla sea conservar el mobiliario urbano libre de pintadas y mantener vivas las especies vegetales de sus jardincillos como el estrecho paso entre la Escila del vandalismo y la Caribdis de la incuria.