UU.. Ni en Caracas, ni en el interior de la República. Las mujeres y hombres que amamos la sana competencia del músculo, evitamos pronunciar su nombre y si lo pronunciamos, antes de hacerlo, nos santiguamos. En los dos casos, los contendientes de turno, estaban conscientes que serían hombres y/o caballos cadáveres, si osaban salir victoriosos ante adversarios tan formidables. UU.. Ni en Caracas, ni en el interior de la República. Es que, invadidos e invasores, de lo desvergonzados que están, ya no se preocupan, ni siquiera, por guardar las apariencias.