Bajo un cielo azul y el eco de la música, más de 7.000 personas se reunieron en Pécs, Hungría, para celebrar una marcha del Orgullo LGTBQ que el gobierno intentó prohibir. El evento, transformado en una “concentración contra la superpoblación de animales salvajes” para evadir la censura, se convirtió en un símbolo de resistencia civil y defensa de los derechos humanos. Pero lo que parecía una victoria del autoritarismo se transformó en una demostración de unidad. En junio, más de 200.000 personas marcharon en Budapest en una de las mayores manifestaciones de la década, demostrando que el movimiento por la igualdad sigue más vivo que nunca. Un mensaje que trasciende fronterasLo ocurrido en Pécs no solo es un desafío al poder, sino un recordatorio de que la lucha por la dignidad y la libertad no se apaga.