Tío Rodolfo era el hermano del padre de Gonzalo y el verano de 1989 salió con que se quería casar con nuestra minyona, con la de mi familia. Nuestra ama de llaves era Miguela, que se encargaba también de cocinar; nuestra minyona, la que limpiaba y planchaba, era Pili. El lío que se armó con el anuncio de tío Rodolfo obligó a una cena de las dos familias para tratarlo, y la cena se celebró en nuestra casa. —«No conozco a nadie pero es para que se queden tranquilos. Al cabo de unos días el padre de Gonzalo llamó para explicar el fin del misterio, y que ya no estaban preocupados, porque el contable de la empresa había recibido unas facturas del hotel Principe di Savoia, de Milán, con portentosos extras bajo el concepto de «chicas».