El solitario gol del pampero José Paradela en el amanecer del encuentro fue suficiente para salir vivos de Pensilvania, aunque en el pecado llevaron la penitencia y terminaron pidiendo la hora con el rosario en la mano. Rompiendo embrujos y la malaria de “Rocky”Más allá de lo futbolístico, este Cruz Azul ya jugaba su partido desde la previa. La directiva y la afición se plantaron ante la icónica estatua de Rocky Balboa para plantarle una bufanda celeste. Pero esta vez, el destino se vistió de azul y el maleficio se rompió en mil pedazos. Mandó al terreno de juego a Luka Romero por Campos y al uruguayo Ibáñez por el desgastado “Toro” Fernández.