El pensamiento huye hacia el pasado y la niebla, donde aún se esconden ciertos sueños resistiendo la demolición que impone una realidad cada vez más aplastante. Nada puede contra esa renovación que viene y cumple su propósito, igual que la primavera. Cuando siente que no puede más con un secreto que la traspasa, cava un hueco en la tierra y grita dentro de él. La luz se vuelve mágica por el efecto Tyndall, al inundar la humedad suspendida en la atmósfera. Tiene que haber una manera en la que el caos que nos atropella, cada día y cada noche, deje de estar controlado para el beneficio de unos cuantos.