En los siete minutos que fue a la escuela tuvo tiempo de aprender el verso de Gerardo Diego: «La guitarra es un pozo/ con viento en vez de agua». Cada falseta era una esquina de la cueva en la que se crio. Un ay de su tía Marina en el bamboleo de los tangos del Cerro, entre los aires 'paraos' y la chispa de los merengazos. «Los dos juntos redondean/ el círculo de la plaza/ en un suelo y en un cielo/ que son desiertos del alma», se conjuraron. La última vez, hace ya unos años, descolgó Amparo, la hija del Bengala, la mujer que habitaba en todas sus falsetas.