Ahora este castigo no tendría ningún sentido pero en 1986 todavía se creía que la mecanografía sería importante y, además, la directora sabía que me gustaba escribir y no quiso darme este placer. Le agradecí y la abracé, y le dije que no sabía el regalo que para mí era poder pasar un verano más sin otra preocupación que la de bañarme en la piscina y jugar a no hacer nada. Pero todas eran historias fascinantes y que despertaron en mí el primer entusiasmo por los restaurantes. Un folio describiendo uno de los platos, un folio y medio explicando el servicio, y lo que mi abuela decía «el ambiente, que es lo más importante del restaurante». Lo que mi nieto tiene que aprender son las consecuencias de su talento.