Habrá que evitar residuos desde el principio, reutilizar más y financiar sistemas capaces de proteger la salud y el medio ambiente. Se refiere a los residuos municipales, no al conjunto de los desechos industriales, mineros o agrícolas. En la práctica, significa más envases, más restos de comida, más aparatos desechados y más presión sobre unas instalaciones que en muchos lugares ya trabajan al límite. Y eso se nota en los presupuestos municipales, en los sistemas sanitarios y en la calidad de vida de los barrios más expuestos. También puede convertirse en una amenaza para el agua, la salud pública, la biodiversidad y el clima.