Como consecuencia, la contaminación lumínica continúa creciendo pese a la mayor eficiencia de las luminarias. Estos impactos resultan especialmente preocupantes en los espacios naturales próximos a núcleos urbanos. La luz azul tiene un mayor impacto sobre la biodiversidad y la salud humana, ya que numerosos organismos poseen fotorreceptores especialmente sensibles a ella, por lo que altera con mayor intensidad sus ritmos biológicos. La luz visible abarca diferentes longitudes de onda, pero son las del espectro azul y violeta las peores, por su mayor incidencia en la salud humana y en la vida animal. También se recuerda, ahora que se acercan muchas fiestas locales, que los cañones láser que apuntan hacia el cielo están prohibidos.