El organismo funciona con un reloj interno que regula el sueño, el apetito, la atención y el estado de ánimo. En los niños suele notarse más porque todavía dependen mucho de las rutinas externas para regularse. Cuando esas referencias desaparecen, necesitan hacer un esfuerzo de autorregulación para el que aún no cuentan con los mismos recursos que un adulto. Algunas personas, niños y adultos, con un funcionamiento neurodivergente, como puede ocurrir en el TDAH, el autismo o las Altas Capacidades, este esfuerzo es todavía mayor. También conviene incluir algún espacio flexible para que la rutina oriente sin convertirse en una agenda rígida.