Por aquel entonces yo escribía en la edición andaluza de El País, de la que Pablo fue uno de los creadores y el editor gráfico. Para Juan Lebrón lo más importante era ese carácter de impresión, muy alejado de los documentales convencionales. Juan desbordaba lo hasta entonces conocido en la producción andaluza y sevillana, pensaba a lo grande y no paraba hasta conseguir a los mejores. Silencios, sonidos, saetas y cornetas y tambores serían la realidad, lo que se ve. El cestero fue Juan Lebrón.