Allí pasaba Blasco Ibáñez las mañanas, de 6 a 11: «Hora en la que salgo a dar mi único paseo del día». Trabajaba por la tarde, pero si esperaba alguna visita deseada, suspendía «con el mayor gusto» lo que tuviera que hacer. Agitador socialA Blasco Ibáñez le gustaba sentarse a leer en el jardín, en bancos de piedra decorados con cinco rosas, símbolo de la logia masónica a la que pertenecía. Para alguien acostumbrado a conectar con el pueblo, no le fue difícil entender que la industria del cine era el lugar que debía habitar. Le gustaba montar polémicas, como cuando dijo que los americanos no eran tan libres como creían y que, en el hogar, la mujer dominaba al hombre.