Así, si la persona puede tomar su primera comida a las 10 de la mañana y la última a las seis o siete de la tarde, ello contribuirá a mejorar su salud. Asimismo, cometieron menos errores en las pruebas de memoria y aprendizaje, aunque no se registró una diferencia significativa en los resultados de ambos grupos. Los resultados sugieren que aquellas mujeres que reducen la ventana para comer recuerdan mejor la información en tareas cotidianas que implican memoria, atención y resolución de problemas. Los científicos suponen que estos hallazgos podrían explicarse por las interacciones entre el ritmo circadiano, la inflamación, la salud metabólica y las vías biológicas que ayudan al organismo a detectar y responder a los nutrientes. No obstante, los investigadores advierten que se trata de un experimento de pequeña escala y que para confirmarlo con certeza sería necesario realizar estudios más amplios.