Parecía que el rock por fin entraba por la puerta grande en España. Nadie entendía que eso fuera una prioridad y los partidos de la oposición forzaron que se cancelaran los permisos. Parecía que el único que quería ver a Rolling Stones en España fuera Gay Mercader. Toda la publicidad y las entradas anunciaban que la actuación sería en Las Arenas, así que el esfuerzo por informar del cambio fue otra inversión más. «El trabajo de Mercader se limitó a evitar que los Rolling Stones se enterasen de nada y se dedicasen sólo al concierto.