Sin embargo, Jätkäkämppä no es cualquier sauna: ocupa un evocador refugio de leñadores que vivió sus años fuertes en la década de los 50, y que no ha perdido la atmósfera que se respiraba en la época. Cuando el cuerpo dice basta, tomamos la toalla y recorremos a prisa la pasarela de madera exterior que nos lleva hasta el lago. Un enclave protegido desde el siglo XIX que figura entre las estampas nacionales más emblemáticas del país y que ha servido de inspiración a artistas, escritores y músicos. Con ella nos remangamos y nos colocamos el delantal para cocinar un tradicional pastel de arándanos. Una joya rodeada de jardines y antiguos edificios agrícolas restaurados que cuenta, además, con un precioso coffee shop, una estilosa boutique y una tienda de productos caseros que resulta una tentación.