Esta experiencia fue la que le tocó vivir a Gemma, de las Agustinas Descalzas de Benigánim. Y es que la monja de clausura explica que no todo el mundo comprende su decisión, ni siquiera su familia. Les parecía que me perdían y que mi vida se perdía. «Ahora yo creo que nuestra sociedad, que está tocando fondo, se da cuenta de que la eficiencia no es la panacea para todo. La monja de clausura asegura que hoy, más que nunca, se vuelve a mirar hacia la religión.