Sobre todo los españoles, oye, tras tantos siglos asimilando en los libros de historia, generación tras generación, el papel que han jugado los barcos en el devenir de este pedazo de península ibérica, curiosamente rodeada de mar por todas partes. Lo que pasa es que, Felipe II no contaba con las predicciones de un Roberto Brasero para anticiparle lo que le esperaba, y no como la flotilla, hombre, que tenía más claro su porvenir (exclusivamente mediático, claro) que su anunciado intento de milagro de un minimaná sobre la tierra comprometida de Gaza. Méndez Núñez, por su parte, prefirió barcos sin honra que honra sin barcos y, en eso, ya ves, la flotilla ha conseguido honra, aunque sea mediática, y todo parece indicar que no va a perder los barcos. Incluso Cuba se empezó a perder cuando los yanquis le endilgaron el hundimiento del USS Maine al Almirante Cervera. El caso es que, con las cosas de la mar, la historia de España esta plagada de algunas luces y varias sombras en las que no se pudieron cumplir los objetivos marcados: vencer a Nelson, resistir en El Callao, mantener Cuba o paliar la hambruna de Gaza.