El líder del PP se va de vacaciones convencido de que las próximas las cogerá ya como presidente del Gobierno. Quizás porque le ha tocado una etapa muy difícil en la que Vox le ha ido achicando espacios y en la que él no ha tenido ni personalidad ni un equipo potente en la dirección del partido para marcar discurso propio. Transmite una sensación deshilachada, en la que muchas veces parece que Isabel Díaz Ayuso intenta comerle la tostada y lo consigue. Y, sobre todo, deja abiertos muchos frentes para que los ocupen sus competidores de la derecha, los externos y los internos. A Núñez Feijóo le queda, con suerte, un año para tapar grietas y recomponer su imagen.