La idea es razonable: una persona dentro del medio escucha las quejas, explica las decisiones editoriales y corrige cuando corresponde. El problema comienza con la nómina, porque el defensor recibe su salario de la empresa a la que debe incomodar. Si algo nos ha enseñado la filosofía es que la verdad forma parte de un proceso que exige contraste, juicio, experiencia y deliberación. En México discutimos ahora los “Lineamientos para la protección de los derechos de las audiencias”. Una opinión puede contener datos verificables y una nota de hechos puede estar cargada de decisiones ideológicas.