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Un estudio de la NASA confirma que las tormentas de arena del desierto del Sahara mueven toneladas de fósforo a la atmósfera, un movimiento esencial para fertilizar el amazonas durante milenios
['Escrito Por', 'Editor Y Escritor', 'Adrián Villellas Es Ingeniero Informático Y Emprendedor En Marketing Digital Y Ad Tech. Ha Liderado Proyectos De Analítica', 'Publicidad Sostenible Y Nuevas Soluciones De Audiencia. Colabora Además En Iniciativas Científicas Ligadas A La Astronomía Y La Observación Espacial. Publica En Medios De Ciencia', 'Tecnología Y Medioambiente', 'Donde Acerca Temas Complejos Y Avances Innovadores A Un Público Amplio.', 'Más De Este Autor', 'Adrián Villellas', 'Proceso Editorial', 'Publicado El']
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En el fondo, sabemos que el desierto ayuda al bosque, aunque todavía se discute cuánto.
Un puente invisibleLos vientos fuertes levantan partículas diminutas del Sáhara y el Sahel, y las empujan hacia capas de aire capaces de recorrer miles de kilómetros.
No es una pared de arena como la que imaginamos en una película.
El problema es que el clima puede modificar tanto la salida del polvo como la ruta que sigue.
El Sáhara y el Amazonas no son mundos aislados, sino piezas de un sistema unido por el viento, la lluvia y partículas que cruzan un océano.