“Quiero dejar claro que la decisión que tomo no es porque sea culpable, sino todo lo contrario”, afirmó. Pero el momento que eligen para hacerla pública y el nombre revelan que la ley no nació del caso; el caso fue usado para bautizar la ley. En el funeral, jóvenes a los que se acreditó como sus alumnos declararon que el profesor solo pecó de preocuparse de más por sus alumnos y que nunca fue irrespetuoso; que era no solo un buen profesor, sino también un buen hombre. En el video, Jasso Cruz hace exactamente lo que los colectivos feministas han denunciado durante años: expone el nombre y la fotografía de la estudiante que lo denunció. El caso de Jasso, más que una aparente tragedia individual, revela la facilidad con la que sustituimos documentos por convicciones, la facilidad con la que prescindimos de la evidencia, la comodidad con la que elegimos un bando antes de que los hechos estén sobre la mesa.